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Lo que aprendimos

Las horas que no aparecen en ningún informe

El tiempo del equipo no se va en las grandes tareas: se va en copiar, renombrar, reenviar y responder lo mismo otra vez. Antes de automatizar, hay que verlo.

Edmundo Spohr14 de octubre de 2026 · 5 min de lectura

En 30 segundos

  1. 01El tiempo perdido se esconde en traspasos pequeños: copiar, renombrar, reenviar y responder lo mismo otra vez.
  2. 02Cuéntalo antes de automatizar: muchas veces basta con dejar de hacer algo o cambiar un formulario.
  3. 03Automatiza lo que se repite igual. Lo que varía o es delicado sigue en manos de una persona.

Cuando le preguntamos a un equipo en qué se le va el tiempo, casi nunca nombra una tarea grande. Nombra la sensación: «no alcanzamos», «estamos todo el día apagando incendios». Y cuando miramos de cerca, el tiempo no se va en el trabajo importante. Se va en lo que pasa entre una tarea y otra.

Dónde se va el tiempo de verdad

En una fundación que trabaja con voluntarios, una sola persona llevaba todo el proceso de selección: revisaba cada postulación, bajaba los documentos, les cambiaba el nombre uno por uno, asignaba entrevistadores y mandaba dos rondas de correos. Nada de eso aparecía en ningún informe. Pero era casi todo su trabajo.

En la misma organización, coordinar los grupos de WhatsApp de cada programa tomaba unas dos horas al día. La asistencia llegaba con nombres escritos a mano, así que no se podía sumar. Y los reembolsos se copiaban de un formulario a otro antes de cargarlos al banco.

Lo que el equipo cree que hace

  • Seleccionar voluntarios
  • Acompañar a los programas
  • Reportar al directorio

Lo que de verdad le toma el día

  • Renombrar archivos
  • Reenviar el mismo mensaje a varios grupos
  • Copiar datos de un formulario a otro
  • Contestar la misma duda otra vez

Las tres preguntas que llegan cien veces

Otra fuga silenciosa: las preguntas repetidas. En esa fundación, los mensajes directos eran casi siempre los mismos tres: cómo recupero mi clave, dónde sigo mi postulación, por qué no quedé. Probaron una respuesta automática en redes y ayudó un poco. Antes habían probado un chatbot con un menú fijo, y lo dejaron porque era demasiado rígido.

Lo útil fue darse cuenta de que eran tres preguntas, no cien. Tres preguntas se pueden responder antes de que lleguen: en la pantalla donde la persona se queda pegada, en el correo de confirmación, en un mensaje que sale solo cuando corresponde.

Cuando la plataforma suma clics en vez de quitarlos

A veces el problema es la propia herramienta. En una organización que trabaja con jardines infantiles, el equipo terminó anotando sus avances en un Excel aparte porque llegar a la ficha de un jardín dentro de la plataforma tomaba decenas de clics. Nadie decidió abandonar la plataforma: simplemente dejaron de usarla, en silencio.

En un programa de lectura vimos algo parecido. Cambiar una meta de 20 a 21 lecturas requería llamar a un desarrollador. Cada ajuste pequeño se convertía en un trámite, y el equipo dejaba de pedirlos.

Para profundizar

Pagamos herramientas que nadie usa

Muchas organizaciones tienen más herramientas de las que usan. El problema casi nunca es la herramienta: es que nadie la adoptó.

Cuando la IA no ahorra tiempo

La misma fundación de voluntarios probó usar inteligencia artificial para ordenar candidatos y revisar documentos. Funcionó bien con documentos estándar, pero falló con documentos extranjeros y fotos mal tomadas. Y solo probarla ya costó dinero durante un mes. Para revisar un documento siempre igual, una regla fija y una persona revisando las excepciones era más rápido y más barato.

No es que la IA no sirva. Es que sirve para interpretar lo que varía, no para repetir lo que siempre es igual.

Qué automatizar y qué dejar en manos de alguien

Una regla simple

  1. 1

    Se repite igual

    Renombrar archivos, mandar el recordatorio, mover un dato de un formulario a otro: automatízalo con una regla.

  2. 2

    Se repite, pero varía

    Ordenar respuestas abiertas, resumir conversaciones: ahí la IA puede ayudar, con alguien revisando.

  3. 3

    Es delicado

    Decir que no a un postulante, acompañar una situación difícil: queda en manos de una persona.

Una semana para verlo

Antes de comprar o construir nada, propón al equipo un ejercicio de una semana. Cada persona anota, al final del día, las tareas que hizo más de una vez y cuánto le tomaron más o menos. Nada sofisticado: una hoja compartida basta.

Al final de la semana, juntas las listas. Lo más probable es que aparezcan tres o cuatro tareas que se comen buena parte del tiempo. Esa lista es tu primer proyecto. Y a veces la solución no es tecnología: es dejar de hacer algo, unir dos formularios o responder una pregunta antes de que llegue.

Edmundo Spohr

IA aplicada, adopción e impacto · Sumadots

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